martes, 28 de diciembre de 2010

Frente al papel, queriendo hablar, queriendo gritar... Y él, tan blanco... tan casto y puro,
haciéndome un interrogatorio..
¿Esperar el milagro, la pequeña resurreción? Sí, cuando la luna llega lo hago, de vez en vez, de
cuando en cuando... y me pregunto que hay más allá del río y qué pensará cuando la lluvia
golpea en la ventana... y entonces, yo.. yo que tanto pregoné el alarido desgarrador, el estruendo
ensordecedor del alma..la libertad si es divina y la libre expresión del amor, yo grito bajito
entonces, o a penas susurro... o ni siquiera.
Espero que surja de entre las sombras y entendamos que el resto quedó atrás y que ahí no se
escuche más nada, que se haga música el viento y sonrisas el sol.
Pero acá estoy, en una de esas noches en que él no me da igual, entonces escribo y tomo mate.. a
ver si así respiro con mayor soltura, porque las palabras ya me cuelgan hasta de la nariz... y no
sé que tan bien se siente estornudar y luego no poder callarlas... y que anden diciendo por ahí
que la situación se aleja de la orilla y que de diez minutos lo pienso nueve, y el resto lo dedique a
reposar la mente en silencio. Creo que nada, o solo un poco.
Pero acá estoy, y es verdad... desearía que fuera diferente, necesito un poco de calma a tanta rebelión de sentimientos y a tanto inconformismo... necesito la paz de despertarme entre montañas. Y de tan lejos, tal vez volvamos a estar mas cerca... y tal vez, quién dice... poder empezar

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