domingo, 1 de mayo de 2011

Compañero, el mate está frío en su ausencia. La mesa es inmensa y el vacío de su silla me da tanto frío y vértigo que para qué contarle.
Ya casi no me subo a la pared para chusmear su patio y ver qué tan lindas han estado sus rosas esta primavera. Ya casi no tarareo a Filio, ni bailo tango. Ya casi... pero ese casi no es un todo, para qué mentirle... paso tarde a tarde por la placita a ver si lo encuentro jugando al truco con los muchachos y paso también a verlos a Cacho y a Tita. Andan bien, siempre sonrientes aunque me miran con un nudo en la garganta, con la nostalgia de cargar sobre su espalda toda una vida, así como vos... y creo que para ellos verme es verte, y ellos si que te extrañan con dolor.
Compañero (y nunca antes tan sentida esta palabra) este otoño me hace tanta falta, que si me dijeran que anda recorriendo los cielos del fin del mundo y pintando nubes, le juro que agarro la bicicleta y salgo a buscarlo...
No quiero que este texto cargado de nostalgia esconda un triste significado de ausencia, por el contrario... dice Galeano que recordar es volver a pasar por el corazón... y yo lo recuerdo siempre, porque usted... usted si que me hizo feliz viejo amigo.

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