miércoles, 25 de mayo de 2011

Hace tiempo y frío, es verdad Julio. Es verdad también que nunca creí escribir con la voz entrecortada por la susceptible sensación de estar lejos.
Se ha vuelto extraño el barrio que recorrí día y noche en bicicleta, se hacen extrañas sus calles angostas y las sombras de los paraísos que las visten... se vuelto hasta más frío el otoño y se ha vuelto más insoportable la distancia que nos aleja.
¿Qué nos aleja?¿A quiénes? Tácito destinatario de mis bocanadas de aire irresueltas, tácito sujeto que no es más que una ficción inventada para dar sustento a la meláncolía eterna, y así escribir es un estado tan placentero como el mentiroso recuerdo.
Podría decir que lo extraño con la nostalgia con que se extraña la primavera y en las bocas del tiempo guardo las prosas que jamás le escribí... pero seguiría mintiendo. Él nunca supo estar solo y yo jamás supe estar acompañada. Que lo quise lo quise... que lo amé lo amé y ahora le escribo con el estómago revuelto de palabras que se atoran en la garganta. Eso no es mentira. Pero debo reconocer que no es tristeza, porque debe ser así, es solo la sombra de las sonrisas que pesan sobre la luz de las luciérnagas que ya no se ven. No es dolor, mas bien deseo de volverlo a ver para poder mirarlo a los ojos y decirle: "carajo, cómo me equivoqué". Pero no puedo y no quiero. No puedo porque dudo de la irreductibilidad de los hechos, del contexto extraverbal de mis palabras... dudo (de hecho) de mis senti-mientos. ¿Será en verdad solo un acto del mismo teleatro?.
Tampoco quiero: me gusta que la nostalgia me desvista solo cuando deseo que mi ropaje sea un nuevo soliloquio. Mi nostalgia es superflua, instantánea; nace al ver pasar las aves migratorias y muere al escuchar un golpe en la puerta. Por eso no quiero ni puedo. Ni deseo. Ni olvido del todo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario