viernes, 24 de junio de 2011

Algún día llegarán y me arrancarán del cuerpo como un diente de león arrojado al viento. Quizá ya no pueda caminar y mis pies se vuelvan ríos y mis dedos arena negruzca que se empalma en las hendiduras de un reloj...que tampoco existe en su cuerpo, se lo han llevado, tan solo existe su tiempo de fármacos vencidos, de hojalatas robadas. y quizá caigan anesteciados mis llantos de águila herida. Y más aún, quizá mi cuerpo muera de una muerte absurda como la de un pintor que bebe su propia trementina, la bebe hasta saciar su instinto inconciente de extinsión. De una muerte volátil, febril, arrugada, porosa, que me exprima los nervios y me haga colapsar las fibras, las anude, me desnude los huesitos y beba mi sangre como nectar. Sin sed, sin sentido, sin ser muerte que mata pero muerte al fin, que vacía. Y quizá ya no pueda hablar, y mis labios sean lápidas de gorriones migratorios, y mi lengua el posteo inmóvil que sostiene un cableado, rígida, estática como un péndulo descompuesto, manchada de humedad por el desuso. Y quizá ya no pueda nada, porque no seré más que polvo sobre un mueble, más que una partícula de la mismísima inexistencia... pero podré pensar, y será así que sobre mi tumba de cuerpo, de exiliados poetas, de marchítas orquídeas arrancadas de raíz, naceran blancas espumas de mar y puntos suspensivos en celo...

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