miércoles, 1 de junio de 2011

Una vez, en un pueblito pequeño de la provincia de Salta, me preguntaron de dónde venía y mentí. Dije que había nacido en un barrio donde el pasto crece de arriba hacia abajo y que no era verde como todos estiman (en tal caso sí, pero de un verde diferente, un verde que recuerda realmente a las plantas de lechuga mantecosa en todo su esplendor, pero que también sabe ser verde botella cuando el intendente de turno no hace lo que corresponde y los habitantes comienzan a perder la paciencia.. y cuando el termómetro social empieza a virar a rojo furioso el pasto lo sigue y se vuelve verde rabioso, oscuro, mutando al naranja... y si sigue mintiendo se vuelve rojo locura y en la plaza estalla la rebelión). Sí, así es el pasto en mi pueblo, dije y asentí con la cabeza. También dije que todavía existen los dientes de león y de noche en noche se ven las luciérnagas revolotear por los jardines (no obvié hablar de mi extensa colección de bichitos de luz y limníades de todos los colores, ni de la alegría que les daba al verme llegar... eran como perros sí, como los perros de mi pueblo). Les dije todo eso y les mentí, y les mentí también al decirles que en el cielo de mi pueblo las estrellas son solo fugaces y que todo el mundo al verlas (y cuando digo todo el mundo digo todo mi pueblo) sale correteando de un lado a otro pidiendo deseos.
Les mentí, sí. Me preguntaron de dónde venía... y qué iba a decirles yo de la belleza de un pueblo, si ellos se despiertan entre los pinceles inquietos de un pintor dormido, esas montañas... esa inmensidad indescriptible para el hombre e inexplicable... Les mentí, pero solo deseaba darles con mis palabras un poco de la magia y alegría que su pueblo le da a mi alma... Les mentí queriendo vivir en mi relato y queriendo vivir con ellos y sus montañas, y su frescura... y sus niños sonrientes, y sus pies descalzos y sus miradas atónitas al oirme... En mi pueblo se puede mentir un poco si como retribución tenemos una sonrisa, y lo hice y lo volvería a hacer... Y mentiría hasta que mi naríz estallara por su magnitud porque también reirían y lo haría yo, y los perros y las nubes y el cielo... y lo haríamos todos y así mi pueblo y el suyo y el nuestro sería mas feliz....

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