miércoles, 3 de agosto de 2011

¿Entonces qué, TODO se reduce a ESO? Un instante en que todo se esfuma, hasta la vida y amanecemos duros, rígidos aferrados a un reloj despertador con signos de haber querido huir de ese segundo en que todo se termina, con los pies sobre el suelo, hinchados y fríos.


La vida es efímera, ¿verdad?.

Lo terrible de la soledad es esa obsesión de perro faldero, nos persigue hasta el último minuto, el último instante... y ahí nos damos cuenta de que todo el veneno, el rencor que pudimos acumular no sirve de nada, no vale nada... porque en ese segundo, nosotros no valemos nada. Somos carne putrefacta sobre un colchón, buscando unas migajas de clemencia... Me apena, sí, claro que me apena. Debió sentir cómo la muerte le corroía los huesos, le subía lentamente desde los pies hasta la garganta, sintió náuseas y vomitó. Vomitó soledad.. y nadie había junto a su cama para acallar sus súplicas. Me dolió su vacío en vida, y me dolió aún más su vacío muerto... Me duele pensar en Esa soledad tan triste y tan gris, tan llena de pedacitos de espejos rotos sobre el suelo, sobre el cielo y sobre el colchón de aquel hombre, que vivió y murió en soledad, aferrado a un reloj despertador.

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