lunes, 8 de agosto de 2011



A veces pensaba "¿cómo será el momento en que nos empecemos a quedar solos?" y no podía imaginarlo. Claro que llamaba soledad tan solo a una ausencia: la suya, mi gran compañero. ¿Cómo será el día en que los mates ya no sean compartidos, en que entre delirios místicos por la fiebre ya no pueda pedirle que venga?. Uno sabe que es inevitable: el ciclo se cierra y no hay forma de escaparle, pero intentamos no pensar (así actuamos los humanos, cabeza que no piensa corazón que no siente).
Ahora sé como se siente y no puedo dejar de pensar en el momento en que te miré a los ojos y te despediste.. carajo cómo me dolió el alma! Pero no pude pedirte que te la banques... te dejé ir y te agradecí por lo feliz que me hiciste todos estos años... Hubiese querido que conozcas a los changuitos... pero te dejé ir. Se siente triste, tan triste que los ojos se ponen vidriosos y las lágrimas tienen un gustito amargo porque te extraño, en cada hueco de la casa te extraño, en cada tango, en el olor a tabaco, en los paquetes de lym cortos, en los mates amargos, en la canción de mambrú y su partida a la guerra... Te extraño y no puedo evitarlo, aunque me retarías si me vieras llorar. Me levanto y no me pongo un buzo abue, y también ando descalza en invierno... ya no tomo chocolatada con tody, ni miro películas de vaqueros.. me retarías, sí... pero te extraño... y en las cotidianeidades te recuerdo.



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