domingo, 11 de septiembre de 2011

Ella odiaba el café, el dentífrico que no tenía gusto a menta y los discos de música árabe. Era cabrona, de risa estridente y ojos despiertos, era intolerante, le gustaba la música en francés, almorzar antes de la una y dormir con un sahumerio de opium en la mesa de luz. Le gustaba el bar de la esquina de La Simple y Córdoba, si era jueves: cabernet, una copa y sin frapera, si era sábado Etiqueta Negra con un hielo... Ella sabía (como lo sabían sus medias púrpura) que los sábados el recuerdo florece. Él era músico, de risa franca y mirada dura. De barrio, de candombe popular tan sofisticado como una explicación a la cosmogonía de la tragedia griega. Él era la vida, detestaba la cerveza nacional que no fuera tirada, tenía manos suaves y sinceras y siempre olía a perfume. Era folklore de luna llena y ella la zambita silenciosa. Era los primeros acordes de la canción de Amelie. Él se llamaba otoño y era amante y solitario. Ella era jodida y distante, rompía espejos de caleidoscopio solo para hacerse un vesitdo y luego los unía con una poesía cotidiana. Él la desnudaba de cuerpo y alma, y ella lo amaba y lo odiaba. Las noches de verano se pasaban entre besos y vicios en la terraza, a ella le gustaba el ruido de las chicharras y las imaginaba como pequeños gritos de felinos metamorfoseados en puntitos de colores. Las de primavera le gustaba él, pero más se gustaba ella recordándose a su lado. Era delgada, de piernas eternas, espumeantes. A él le gustaba anudarse a ellas para dormir, eran su única fortaleza, eran el único lecho en que ella se rendía.. Un Instante en que podía sentirla suya y no tan ajena. A él le gustaba Sabina, leer a Baudelaire y dormir sin medias. Se llamaba Ausencia. Eran la luna y el sol: Se querían tanto como se detestaban. No podían vivir juntos, pero tampoco dormir separados. Él le habló con metáforas duras, ella no quiso jugar al amor. Ella se fue y él se alejó. Él ya no era ella, ella era viento.. él río que no vuelve a su cauce. Los días fueron meses, luego años.. Ella fue al teatro, él vivía a dos cuadras y salió a comprar cigarros. Él la vio, ella sostuvo la mirada. Èl la invitó a tomar un whisky, ella pidió uno en las rocas y él sonrió. Él está lejos de volver a ser ella, ella ya no piensa en la eternidad de las miradas. Él la quiere, y ella lo extraña. Ella escribe y él duerme.. él y ella, que ya no son pero siempre van a ser.

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