viernes, 9 de septiembre de 2011

No es posible sumergirse dos veces en el mismo río: el flujo incesante de las cosas y de nosotros mismos, el continuo cauce hacen que al regresar, nada sea como fue.
No es posible abrazar dos veces en el mismo contexto.. con la misma intensidad, expresión, deseo. Esencialmente somos los mismos, la sustancia nos mantiene intactos, pero la idea de accidente hace erupción volcánica en el interior. Y ya no hay espejo retrovisor ni marcha atrás.
Es inevitable la mutación, pero no por ello drástica. Podemos abrazar sin manos, con palabras, con silencios... a veces es necesario el choque contra las acciones ajenas para pegar un volantazo y retomar en otra dirección.
El río es río, urgente y violento, pero de su cauce solo quiero risas emergentes. No deseo palabras descontentas, grises, no tiene sentido. No quiero quejas ni estupideces, no quiero bebidas con vodka nacional. Ser un juguete del destino supone, en tanto, hacernos cargo de los sucesos: te conocí, y no es racional sepultarte bajo los besos de lágrimas ajenas. (). Un impasse a tanta guerra y prefiero regresar a la oquedad de los suspensivos puntos y apartes.

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