miércoles, 26 de octubre de 2011

La colcha de retazos

Bajo la colcha de retazos soñé un imposible. Al costado de la mesita de luz blanca muerte, sobre ese colchón de nubes errantes, soñé, una y otra vez, con un mar de olas revueltas, con un colibrí de alas despintadas por el tiempo y la brisa y con una caja de lápices de colores. Soñé con un perro de afilados colmillos que no conoció jamás el agrio sabor de una mordedura, soñé con sus ojos y esa manera característica de decirte que lo que acababas de comprar, era una porquería.

Soñé y soñé, pero nunca dejé caer los párpados.
El que sueña durmiendo, al despertar abre la puerta del recuerdo al cielo y esos preciados instantes se esfuman... se dispersan por la habitación y a pesar del infinito esfuerzo, tan solo recuperaríamos retazos, vidriecitos de colores con los que solo es posible hacer una colcha, como la mía.


Entonces prefiero vivir soñando con los mares de olas revueltas y pájaros de alas despintadas...
Durante el día y la noche, los recuerdos son visibles, palpables... puedo sentir los pies sobre la arena cuantas veces quiera, puedo dibujar un millón de veces perros gigantes con lápices de colores inexistentes, y puedo decir, que entre tierra y cielo, entre árbol y pájaro, están deshilachadas e indecisas*, sus palabras.

Tomé una foto, soñando y te pedí que la pusieras en la ventana. Estallé en una carcajada, si vos vieras, dije... tu rostro con el sol de frente, tu boca parece una especie de pez globo coloreado con brea pasada de temperatura. ¿Qué rouge usás? Deberías cambiar de marca. Y en mi sueño te enojaste.

B.






*Mario Benedetti, Inventario Uno.

No hay comentarios:

Publicar un comentario