martes, 4 de septiembre de 2012

Amor y cajas de fósforo añejas

Sumo nuestro fracaso al estante de los tuyos. Aunque fui parte aquella vez de ese circo sin payasos, guardo esta miseria en tus manos.
El amor es, en tu cuerpo,  una caja de fósforos. Mientras dure su contenido (arbitráriamente juzgado) dirás ser feliz, endulzarás almas con miel de caña, dormirás acariciando sus espaldas y besando el sol. Al terminarse no tendrás más remedio que deshacerte de esta supernumeraria caja , o invitarla a un suicidio espontáneo inducido por tu compartamiento incomprensible... y luego comprarás una nueva cajita que colocarás en el mismo cajón que la anterior, con los mismos pretextos y las mismas excusas.  Jurando que evitarás dejarla sobre la mesada húmeda, sacrificarás los recuerdos.
  Te convencerás de que tu nueva caja de fósforos es la versión mejorada de la anterior, pero al fin y al cabo, pensarás en ella de vez en vez, y tu nariz quizá retenga su perfume,  entonces... Una caja nueva no amortiguará en la vida tus miserias... bajo las cajas, la tristeza.

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