viernes, 21 de septiembre de 2012

La ciudad

La ciudad arrastra
tras su paso de huracán neoyorkino
el alma de quien no la trae
bien apretadita al pecho.
 
El tiempo es más rápido
aquí un segundo
es un orgasmo
diez mil dólares en la bolsa
o un nacimiento.

¿Cómo escaparle al ruido
a ese sonido
que ensordece
y no nos deja oir-nos?


Susurré al viento,
buscándote,
en todos los espacios
en que solía encontrar tu abrazo
y ni las migas
ni los botones.

Intenté decir
que estabas empujando
tu alma
al olvido,
irremediable
del desinterés,
y se me deshacían las letras
al salir de los dedos cansados
ante tu egóico interrogatorio.

Me perdí en las curvas
de las explicaciones
enmarañadas
que me eran tan ajenas
y débilmente compresibles
que apenas
puede recordad
la importancia del Hacerse cargo. 

 Hoy prefiero suspender
mis alas en el tiempo
y rehusar los dientes
a conformarse con los restos
de tu cielo.

Sé que hay mucha
mucha risa más allá
de este
vos,
que no es aquel
a quién regalé
sonrisas  y noches
inagotables
interminables.

 No es la magia de los vallecitos,
es aquello que nació
de tu guitarra
y mis desafinadas
zambitas,
de tus dedos en mis rulos
enmarañados.
Esa magia
que acurruqué en mis bolsillos
en cada partida
para soltarla a la brisa
en el proximo encuentro
y volver a reir. 

Que la bruma
no te aleje. 
Sabés,
siempre habrá tiempo
para que acomodes
tus ilusiones y tus estampas...
Yo seguiré aquí,
coleccionando frasquitos
de perfume de algarroba
y reteniendo el abrazo
que espera.. 



B.


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