jueves, 29 de noviembre de 2012

Hasta que el sueño venga, Pocha.


Es tan fina la línea que separa
la vida del cese total. 
Es tan fina en todos
pero en ella es imperceptible
En Pocha esa línea es un cosquilleo de hormigas,
una fila de migas de pan 
que será devorada con ansias por las hormigas.
Pocha nos habla, 
nos mira, 
nos pide manteca, sidra,
a Juan le dice que está más gordito,
él contesta y sonreímos. 
observa mi medallón,
es lindo, dice.
Pocha nos habla
y su voz nos llega
desde la muerte
desde la ausencia.

Ella es como un niñito
pequeño, 
frágil como un cervatillo.
Nosotros la abrazamos
con los ojos la abrazamos,
y ella lo siente.

Ya no es un número, 
ya no está ninguneada ante el todo
porque nosotros la abrazamos
y con ese abrazo la sacamos del anonimato
en el que la muerte sí que duele. 
La besamos al irnos, 
le besamos los cachetes delgados
y ella se queja un poquito,
no le gusta el amor.
Pocha sabe que ese beso llega
prometiendo un pronto regreso... 
un mañana.
Nosotros sabemos
que quizá ya eso no sea más
que un deseo proyectado.. 
sabemos que quiza
Pocha ya no vuelva a ser
más que el siempre desde aquella vez
que a nuestro tiempo la  sentimos.


B. 

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