martes, 6 de noviembre de 2012

Te desmontas ante mí.

La escena se desviste,
entre reflejos de
una lámpara ajena
exterior
y
los ecos de alguna canción
que cesó su canto
un puñado de minutos
antes.


Vos y yo.
que ya no somos los mismos que fuimos
en los eneros perdidos.
¿Sabés? Octubre tiene encantos,
como piedritas de caleidoscopios.

Yo camino
de un lado a otro
de la habitación,
murmurando no sé qué cosas,
pensando en no sé qué ríos
acariciando el aire
con ademanes sueltos.

Voy,
colmando de incienso
los espacios
que espían
nuestros cuerpos desnudos
que al amanecer
son mas desnudos,

aún.

Vos hablás,
reímos.
Me acerco un poco
Lo necesario para sentir
el ritmo de tu respiración
prolija.

Te acarician mis manos
que algún ayer
han sabido
hacerlo sin  rozar
siquiera un
exiguo centímetro de tu piel,
y hoy eligen tocarte.
Moderte.
Abrazarte.

En ese sitio
la luna
no es mas
que la luz amarillenta
de un velador
que pronto apagarán mis manos.

Me desarmo ante tí,
caen mis ropas
mis telas
mis cielos
mis corazas
mis silencios
Me desnudo ante vos.

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