martes, 18 de diciembre de 2012

Cuerdas y muelles

Tomo impulso.
Mis pies buscan el equilibrio entre el azul del cielo y el verde pálido, cristalino del silencio.
Intentan despegar del suelo.

(pienso en la idea de
abandonar la tierra firme.
Sonrío,
se me erizan los pelos).

Lo hacen, un instante o dos. Sin embargo esa efímera felicidad se diluye, entre los pastizales y las hormigas
Sigo aquí, otra vez aquí. Frenada, estancadas mis piernas de colibrí herido.
Siento una cuerda que amarra  los tobillos, las muñecas, las bocas y me mantiene amurada a esta Realidad,
a este suelo de intelectuales de farmacia y mártires de libro para colorear.
Sobre todo siento la cuerda y las bocas.
Las siento,
callan,
mis bocas callan,
queriendo gritar,
callan.
Las bocas que no besan (y si las vieras).
Y si nos vieran.

Esa cuerda,
y la razón
se diferencian tan solo 
por el puñado
de sus letras
y alguna que otra excusa
amorfa. 

Detengo el motor.
Un momento. 
Vuela una mariposa...

No quiero mi bote amarrado a ese muelle de palabras medidas, creado tan solo por el espectro del qué dirán mis pupos, si vieran a los potros
galopar sin 
frenillos. 

No quiero mis versos
vestidos de traje y corbata
ni ver
a las mujeres que me forman
desfilando como señoritas inglesas. 


Enero trae el viento 
norte,
de algún río que ya llegará, 
hasta el mar ya llegará... 

Desato la cuerda. 
Me desato. 



B.


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