lunes, 3 de diciembre de 2012

La moda



Hoy me di cuenta,

están pasando de moda

los suicidios en forma de prosa

y los balcones atestados de geranios en macetas

azuladas.

Quise contárselo a alguien.

Pero en quién pensé, lo sabía.

Estoy segura de que lo sabía.




Están pasando de moda

los grises conventos

y sus suelos de mármol

cagados por las palomas...

y las modas se llevan también

a las monjas inmaculadas

que esperan la siesta para

masturbarse en el balcón...

Y también a los curas

(y a estos últimos que las modas se los lleven lejos)

que juran fidelidad

al dios absurdo

que inventan a su conveniencia...

y enganchados en su bragueta

llevan la infancia

destruída.




(Me alegro que pasen de moda

y me alegaría también de que les pase

un camión,

por encima).


Y la moda pasa,

y hay quienes resisten a su torbellino,

como los perros callejeros,

los daikiris de frutilla bien hechos

y las copas de cristal antiguo.



Hoy me di cuenta,

que hay quienes nos agarramos con fuerza al suelo

para resistir

a las masas corriendo en sentido opuesto

a las agujas del reloj y a la racionalidad

detrás de la nueva




Remera de Lacoste.



B.

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