jueves, 6 de diciembre de 2012

Lo supe todo.

Lo supe todo de él. Todo en un segundo, todo mientras caía la lluvia y nos mojaba los pelos. Todo mientras yo buscaba un paquete de yerba. Me aterraba la idea de pasar un día entero sin luz y sin mates. 
Buscaba yerba y de pronto lo supe todo: supe de Córdoba y del aire fresco, de unas salinas al norte, del barrio granate y la lejanía, supe de sus ojos. 
Hoy crucé la calle (esa de signos que interrogan de la que alguna vez hablé) y entonces él se brindó todo, así fue como lo supe,  todo palabras, todo sonrisas, todo instantes.
Por la lluvia crucé la calle, salté ese río, solté amarras. 
Parada en esa vereda con mis piloto verde y mis quinientos suspiros, dejé que se me escaparan a cuenta gotas palabras que contaran de mí. Solo quería saberlo todo de él, de ese signo que interroga de vereda a vereda. 
Recuerdo cada olor de su relato, cada detalle, cada canción... Solo olvidé su nombre. 

(Basta cruzar la calle, saltar el río, soltar amarras... )


B.

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