sábado, 13 de abril de 2013

Renzo

Guardo en mi alma todos los instantes,
 las risas, 
las canciones, 
los acordes de tu guitarra, 
tu recuerdo.
Guardo todas las terminales que nos sorprendieron 
fundidos en el abrazo más sincero
 de saber una próxima soledad acompañada a la distancia. 
Guardo el reflejo de la luna inmensa que no nos dejaba mentir,
 aunque hubiesemos querido. 
Las meriendas en el cerro y ese increíble atardecer amaicheño.
Guardo un mamarracho escrito en el frío de los valles, 
que luego fue la carta que te envié a Rondeau y La Rioja, en un sobre verde.
 Guardo tu simpleza, 
las noches de vino patero y mates con aguardiente,
 guardo la sensación de los mimos en mi espalda, 
la media de rombos que me traje sin querer.

El reflejo de tu rostro entre el calor del café de algarroba
y el fueguito prendido con esmero.

. Guardo las charlas sobre Cortázar,
 los ecos del rebote de un vaso con limón en el suelo del baño. 
Guardo en mi alma tu luz,
 para sacarla siempre que oscurezca.
Los enojos, también, que son parte.

El tiempo tiraniza a veces los encuentros,
 pero desde aquel en la ruta, 
te guardé en mí y aquí estás
, aferrado en una lucha continua contra el olvido,
 siempre tu alma victoriosa.

Te dejé un pedacito de mí,
 pa que me lleves, cuando sea que decidas partir. 
Quizá no hubo despedida porque así debía ser, 
y tendré que desandar el camino para encontrarte otra vez
 y a ese abrazo  que burla latitudes y kilómetros
recordándonos que somos eternos. 



Te quiero. 
B. 

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