martes, 10 de septiembre de 2013

Las luces de Buenos Aires

Todas estas luces, tienen que ser más que el trémulo resplandor de los nadies que gritan y buscan emerger de los  profundos sacos del ninguneo. Más aún que los subtes y el progreso, que los edificios empinados
 y los pasillos atestados de secretarias y tacos aguja. Me niego a pensar que Buenos Aires no es más que el pantano donde encallamos los hombres el alma.
Todas estas luces... tienen que ser algo más, un remolino que rompa con el bullicio, un jardín de danaus plexippus que revoloteen alardeando sus casi doscientos setenta días de vida.
El 26 recién había doblado en Medrano, iba lento... como mi pensamiento. Lento como esos sueños en que querés correr, y tus pies están amurados al suelo. Lento: todas estas luces, Buenos Aires, Medrano, el 26, Rivadavia, lento,  la señora que cruza con un nene de saco azul, lento, un taxi que frena a la par: una pareja, seguro son turistas. Lento. Lento. Lento.
Por momentos me sentía impaciente. Por momentos me invadía la calma. ¿Ciclotimia de ciudad? sí. Seguramente.
¿Qué estaría haciendo Adela? Seguro impaciente por mi tardanza: la puerta del patio estaría entreabierta, Fidel paseando entre las piernas de Adela, maullando suavecito. La pava estacionada a medio camino entre el fuego y la rejilla siguiente, como esperando que la agarren de sorpresa y ceben un mate, conservando la tibieza sin sofocar el corazón. Adela estaría mirando el cielo, seguro, y luego la puerta.

Goyena. El colectivo se detuvo al lado de un edificio espejado... ¿Será que alguien, en su andar de hormiga, aminora la marcha y se mira, un instante... detenido, en estos espejos? ¿Cuántos ojos se habrán reflejado? ¿Cuántas gotas de lluvia se habrán disuelto en miles de partículas sobre la superficie? ¿cuántos colectivos frenado en este mismo lugar?. La señora del asiento opuesto me miraba fijo a los ojos, tal vez ella también se esté preguntando estas cosas o tal vez a ella también la esté esperando una Adela y entonces odie los edificios espejados y la lluvia y los sueters azules, y las viejas, y las migas y las hormigas... Porque somos presos del tiempo y los relojes, porque el tiempo vale más que el oro aunque no sea más que un invento para llegar tarde y temprano, o excusas para los desenamorados.
Goyena se hacía cada vez más larga, una calle infinita cuya numeración aumenta de a cinco por cuadra, pero, por fin, me levanté despacito hasta la puerta trasera, toqué el timbre (esos nuevos que no emiten más que una luz) y bajé del colectivo...
Fue como si de pronto, todo el oxigeno del mundo entrase en mis pulmones... como si todas las primaveras fueran una sola y estuvieran en mí, agolpándose por llenar el alma. Buenos Aires tiene que ser más que todas estas luces....
Pedro Goyena 943
Una casa chorizo color azul, ventanas altas y puertas angostas, esa suave columna de humito que se espiralaba con el aire, el aroma de siempre... sándalo dulce:  definitivamente Adela me esperaba.
Entré sin golpear, porque desde que Adela se cayó en el patio, también tenía un juego de llaves... En el zaguán me recibió Fidel, con la alegría de quién cumple su ritual... y allí, sentadita en el patio estaba ella. No le pedí disculpas por mi demora, seguro que no le interesa la historia del 26... la señora con el nene de cardigan azul... y tampoco me escucharía.... Hace ochenta y cuatro otoños que Adela no escucha las excusas. Sonrió al verme...esos ojos azules y gastados, esa mirada llena de duraznos en flor...  No se iba a pensar, Adela, que después de tantos años, iba a perderme el atardecer.

Todas estas luces, son mucho más.


1 comentario:

  1. Qué bello. te recomiendo un tema si es que aún no lo escuchaste ( o querés recordarlo) te lo paso con remix de Operación Triunfo, ja.
    http://www.youtube.com/watch?v=35zjcDA11Qw
    las tardecitas de Buenos Aires tienen ese qué se yo, viste?... abrazos. te sigo

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