lunes, 28 de octubre de 2013

La otredad

I

Si pudiese tan solo distraerlo... ese ser nefasto que se desdobla sobre mis sienes, tan lleno de mí y tan vacío... Si pudiera tan solo hacer que desaparezca entre la espesa noche, entre estas calles invadidas por los edificios. Explicarle que no es aquí, que no soy yo. Si pudiera arrancarlo con violencia, estampando su penoso cuerpo contra la pared blanca y casta... y que se enrede entre sus propias blasfemias y oscuros sentimientos, que chille como un monstruo y que se desprenda de mi cuerpo al que sujeta como una liendre...
Abro la puerta de la calle  con la esperanza de encontrar en la multitud esa bocanada de aire fresco que rescate mi cuerpo de este desasociego pero no hay más que envilecidos rostros que marchan al compás de una imaginaria melodía. La cierro con fuerza... Pánico. Sudor frío y malestar general.  Mañana volveré a escribirle a Juan.



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