jueves, 14 de agosto de 2014

I - Olivia y Rodolfo



-¿Sabés qué es lo que me da risa? Que no hayas sabido qué hacer, era un pez, nada más que un pez. Al fin y al cabo... ¡cuántos peces han llegado, Olivia, a este mar!

Olivia lo miró extrañada, ¿a dónde quería llegar con todo esto? justo él se tomaba el atrevimiento de hablarle así, con la ironía escabullida en cada exclamación, con la soberbia que atestigua inoperancia, ¡Justo él! ¡Él, que cuando María le dijo que se iba, que ya no aguantaba a las esquizofrénicas y múltiples personas que lo componían, lo único que hizo fue ponerse la pava en el fuego, prenderse un pucho y verla marchar! Hasta que cayó en la cuenta y se volvió un mar de lágrimas (que dicho sea de paso, inundó la casa de Cristina y así se conocieron para vivir dos meses de exhaustivo amor o desenfreno sexual, que para el caso era lo mismo). Pero Justo él, parecía un chiste.

- Por favor Rodolfo, no seas infantil, Martín no quería más que volverse a Chivilcoy. ¿Qué querías que hiciera, que me ponga a armar la mochila con tres ponchos, dos bombachas de gaucho y unas boleadoras? No seas ridículo. ¿Me ves a mí corriendo cabras por el monte? Dejate de joder, ché, y no digas improperios que nos conocemos mucho.
- Digo que te vas a arrepentir, ni siquiera lo pensaste.
-¿Pero qué tenía que pensar? ¡¿un pez?! ¿¡solamente un pez?! Nicolás me hizo elegir, y yo elegí quedarme, y vos me estás cuestionando solamente porque no tomé la decisión que para vos era la correcta. No era un pez nada más, y Martín no lo entendió.

Rodolfo separa una silla de la mesa y se sienta. Son las tres. Olivia hace lo mismo. Se miran.

-¿ y ahora qué vas a hacer?
-no sé, supongo que armaré un curriculum y lo mandaré a algunas empresas, alguien debe necesitar una secretaria.

Se queda en silencio. Levanta la mirada y la posa fija en sus ojos.

-¿De verdad creés que era solamente un pez?




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