miércoles, 8 de octubre de 2014

Insomnio

Sobre el plexo solar me dibujo un caracol que ríe de la inexorable falacia de la ausencia. Semicírculos de palabras cruzadas. Estamos aquí, todo el tiempo que podríamos estar allá y viceversa. 
Insomnio. 
Regresar de un exilio autoconvocado y que a tu rancho se lo hayan devorado las hormigas. Insomnio. Yo me siento en el cordón de una calle siempre mía, bebiendo del pico de una botella nunca nuestra y veo pasar mares helados (¡tu consciencia!, pienso) y bebo otro sorbo: (la vida es muy corta para tomar vino malo, menos mal que siempre nos quedará París). Oscilante, dubitativa, esa frase que dice pero que nada significa, nada anida… París, París, ¡Vos parís! (Yo Paro, tu pares, nosotros parimos) Hijos de nuestra propia conciencia, incendiados de una sed verdadera de versos y estrofas, parís hijos de pies de pasto y barro, de jarilla y constelaciones extrañas. No sabés si estar orgulloso o temerle, siempre reaccionario a tu propia fe, siempre temiendo, desdibujando, dejando ir... París. Siempre te quedará París (pero solo el amor te puede salvar).

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